Cómo la intolerancia de los Demócratas ayudó a Trump a conquistar la Casa Blanca

Carlos Martins

La sorpresa y perplejidad generada en torno a las elecciones presidenciales norteamericanas se debieron en gran parte al número de encuestas que habían pronosticado un resultado muy diferente al que terminó verificándose.

Veamos: entre las once principales encuestas, apenas dos, de la autoría de Investor’s Business Daily y LA Times/USC, anticiparon una victoria de Trump. De hecho, horas antes de que se abrieran las urnas, fueron publicadas las últimas encuestas donde Hillary Clinton surgía como favorito, con una ventaja de 2,8% en comparación con su rival en el conjunto de intenciones de voto. Para este resultado contribuyeron los canales de televisión estadounidense más grandes, tales como NBC, CBS, CNN, Fox, Bloomberg y ABC. Pero como en muchas otras ocasiones en la vida, ‘quality trumps quantity’ – la calidad supera la cantidad. De hecho, las empresas de encuestas que indicaban una victoria para Trump fueron las mismas que habían sido más precisas en 2012, cuando Obama derrotó a Romney, legitimando así su segundo mandato, y regresaron en el año 2016 para la última presidencial.

Sin embargo, esta reflexión no termina (ni se centra) en la lógica de calidad-cantidad, sino en algo más revelador sobre el período de ‘libertad de expresión’ que estamos experimentando.

Realmente, estas elecciones tuvieron como telón de fondo un polarizante discurso en ambos lados de la contienda. Meses antes del día de todas las decisiones, la candidata demócrata a la Casa Blanca no titubeó en llamar a la «mitad de los partidarios de Trump» como «un montón de deplorables». No satisfecha con una sola etiqueta, les brindó una amplia gama de adjetivos: racistas, sexistas, homófobos, xenófobos, islamofóbos, etc. Y en un año y medio de la disputa electoral no fueron pocos los medios de comunicación y fabricantes opinión de estadounidenses que han hecho eco de los ataques de Hillary. El Huffington Post le dio la razón, mientras que el Daily News de Nueva York reforzó la clasificación, que se extiendió a «casi todos los trumpistas».

Ahora, sabiendo que la llamada telefónica es la metodología utilizada por la mayoría de las empresas encuestadoras, muchos de los ‘deplorables’ no se sentían cómodos en dar a conocer por teléfono su intención de voto, especialmente cuando alguien al otro extremo de la línea, además de su número personal, podría tener acceso a su dirección y otros datos personales.

Y ése es precisamente el punto clave: la inhibición de los partidarios en expresar su apoyo en público y compartir con los demás (un estigma documentado por algunos operadores de encuestas y por agentes de ambos partidos) precipitó una falsa sensación de confianza dentro del cuartel general de Hillary. Agosto no había llegado aún y ya había llegado la noticia de que «las encuestas dan una clara ventaja» a la candidata, que «ya no se preocupa por Donald Trump», estando próxima a «diezmar» a su oponente en la arena política.

Las maniobras de la campaña democrática basadas en las encuestas internas y externas evidencian cómo esta percepción de ventaja pudo haber sido fatal para las pretensiones de la demócrata: Wisconsin, uno de los territorios más disputados y decisivos de esta elección, no fue visitado por Hillary ni una sola vez. Donald Trump, por su parte, estuvo allí cinco veces, la última de las cuales a siete días de la elección. Cabe señalar que las encuestas de opinión daban una ventaja de 6,5% a favor de Clinton en vísperas de las elecciones, pero eventualmente fue ganado por los republicanos por un margen de 0,7% (una diferencia de aproximadamente 22.000 votos). Al contrario, cuando faltaban ocho semanas para terminar la campaña, Hillary canalizó recursos y atención para el estado de Georgia, que perdería claramente por un 5,1% (más de 200.000 votos).

No deja de ser curioso que, en una época de relativismo moral – todo lo que no es transaccional no tiene ningún valor – esta disputa política haya estado marcada por una superioridad moral que tendía a clasificar a cualquier partidario de Trump no como un votante con voluntad, pensamiento y con una posición política razonada y propia, sino como un «prejuicioso intratable». Muchas veces, la discusión fue llevada a una pueril dicotomía entre el equipo de los ‘buenos/tolerantes’ y el equipo de los ‘malos/llenos de odios.

Esta estrategia de demonizar a la contraparte terminó perjudicando el lado que supuestamente representaba a la ‘tolerancia’.

Después de la toma de posesión de Donald J. Trump como el 45º Presidente de los Estados Unidos, sería oportuno que los demócratas (de todas las democracias occidentales) hagan una reflexión.

Entrada original: https://sol.sapo.pt/noticia/545637/como-a-intoler-ncia-dos-democratas-ajudou-trump-a-conquistar-a-casa-branca

Traducción por Francisco Albanese.

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