Negar o afirmar el thymós: hacia la reconfiguración biopolítica del espectro político

Francisco JavGzo & Lucas Blaset

A Tradition of Thumos | Classical Wisdom Weekly

Todo análisis político, ya sea de forma consciente o no consciente, es hecho a partir  de  determinados  supuestos  que  definen  el  objeto  de  su  análisis,  es  decir,  las  entidades  que componen la realidad política. Ya sea que elijamos llevar a cabo nuestro análisis en términos de identidades, individuos, colectividades sociales, estados, regímenes, sistemas o alguna combinación de lo anterior, se refleja un conjunto previo de elecciones y suposiciones ontológicas, más obviamente sobre el carácter, la naturaleza y, de hecho, la “realidad” de cada uno como entidades ontológicas y (potencial) dramatis personae en el escenario político (Hay, 2006).

Durante la mayor parte del siglo XX, exceptuando tal vez los surgimientos de los experimentos nazi-fascistas y otras vías intermedias, la contienda por la definición política e ideológica de las alas de izquierda y de derecha osciló principalmente en términos de lo económico, y también del avance/no avance en lo social. A grandes rasgos, muy grandes, la izquierda ha quedado identificada con la búsqueda y persecución de la Igualdad como un summum bonum, el bien supremo, mientras que la derecha ha pasado a encarnar la aceptación de la desigualdad (o la no igualdad), entendiendo a ésta como una realidad no necesariamente superable, o no deseable de ser superada.

De esta manera, la derecha terminó configurándose como una respuesta (o reacción) a los sueños y esfuerzos de la izquierda por volver al mundo más igual e igualitario – un freno político a las aspiraciones (algunas más profundas que otras) de transformación de la sociedad. Sin embargo, la izquierda ha reinventado sus estrategias en su lucha por la igualdad, abrazando la diferencia, mientras que la derecha (y sobre todo la derecha liberal y conservadora), en respuesta al accionar de la izquierda, actualmente defiende posturas que pueden ser consideradas como vertientes del igualitarismo.

Al igualitarismo que defendía en el pasado, la izquierda ha incorporado dimensiones para instrumentalizar las diferencias existentes en los seres humanos, revitalizando y actualizando la lucha de clases. Esto no es casual, sino que responde al mundo que ha devenido de la modernidad, y donde se enfrenta al desafío de comprometerse en la elaboración de nuevas categorías para pensar este mundo donde la globalización es un hecho y las comunicaciones y la tecnología han ocasionado cambios en distintos niveles. Por lo anterior, la izquierda ha logrado captar las pulsiones de los seres humanos y cristalizarlas como categorías políticas útiles para los sueños de igualdad que han cambiado en la forma. Como señalan Tilly y Goodin (2006), las elecciones ontológicas se refieren a los tipos de entidades sociales cuya existencia consistente los analistas pueden asumir razonablemente.

Foucault (1976) propone que lo biológico se refleja en lo político, ya que la vida viene a ser controlada e intervenida por el poder y el saber, aunque esto no significa que la vida haya sido exhaustivamente integrada a técnicas que la dominen o administren, sino que trata incesantemente de escapar de ellas. A raíz de esto, y ante la realidad que cada ejercicio del poder conlleva a una respuesta, se producen resistencias ante la biopolítica instaurada por el dispositivo de homogenización nacido del igualitarismo –mutado en algo monstruoso, ajeno al sueño igualitario, aborrecido por las izquierdas más nuevas–  (sobre todo presente en el capitalismo y el mercado).

Ante la biopolítica de la hegemonía, resistencias biopolíticas nacidas a partir de diferentes manifestaciones e identidades biológicas y/o bioculturales responden desde el thymós. Identidades de sexo y género, identidades raciales y étnicas, otrora invisibilizadas por el igualitarismo en donde no importaba la condición, origen, sexo, género ni raza de la persona, hoy en día empujan fuerte en un clamor isotímico, exigiendo el reconocimiento de su identidad, es decir, el conjunto de características que definen a la persona.

Dado el surgimiento y la existencia de estas resistencias biopolíticas (que denominaremos “identidades biopolíticas”), la izquierda se ha reconfigurado de manera de canalizar el potencial político disponible de estas identidades, incluyéndolo dentro de su discurso e imaginario: rompe con el igualitarismo que defendía ya que, en el mundo nuevo, las diferencias no se han superado sino acentuado y, más aún, se han vuelto esenciales para el sujeto político. El igualitarismo que se buscaba como summum bonum ha mutado en su forma, afirmando las diferencias y creando el espacio para el desarrollo de políticas de identidad; éstas, sin embargo, serán incentivadas siempre y cuando sean identificadas como disidencias a la euronorma (esto es, lo blanco, lo occidental, lo masculino, lo carnívoro, lo capitalista, etc. – lo privilegiado y opresor) [1].

En respuesta a esta actualización estratégica, la derecha mainstream ha optado por invisibilizar las diferencias que instrumentaliza la izquierda, optando por una suerte de igualitarismo de forma. Esforzándose por mostrar que los argumentos respecto a privilegios de unos grupos por sobre otros son vacíos, y que no existirían mayores diferencias en las capacidades, inteligencias y habilidades entre grupos humanos, la derecha ha girado hacia la izquierda en su elaboración argumental sobre las diferencias humanas intraespecíficas. Con esto se espera, mediante el eclipsamiento del thymós, anular los clamores identitarios de los distintos grupos en juego en la nueva lucha de clases, al exhibir lo injusto de considerar condiciones de origen, que determinan la identidad de una persona y que prácticamente no pueden ser cambiadas. No obstante, este contraataque no sólo es tardío (pues, como se mencionó, es reactivo y no proactivo), sino que termina siendo interpretado como una defensa y apología del statu quo, i.e., la euronorma – generando más y mayores resistencias biopolíticas.

Esta inversión discursiva del espectro político, donde las redes de poder se han relocalizado desde al alma hacia el cuerpo (Foucault, 1977a), ha trasladado la disputa política fuera de la Modernidad y hacia el Herkunft, es decir, la fuente, la procedencia; la vieja pertenencia a un grupo (el de sangre, de tradición) (Foucault, 1977b). Por lo anterior, el escenario político mainstream seguirá presentando incoherencias y choques entre las elites dirigentes y sus bases, en cuanto las primeras se esfuercen por leer la realidad desde el Ursprung en un terreno de disputa que ha asimilado, finalmente, al Herkunft, y donde la identidad biopolítica se ha posicionado como un elemento clave en la construcción del capital político en el mundo actual.

Notas

[1] En esto, la idea de “cuerpos sin patrones” se manifiesta como la resistencia a toda la hegemonía del privilegio y la “opresión”, es decir, la europeidad y eurocolonialidad corporeizada. Leer más: Contrera, L & N. Cuello (comp.) 2006. Cuerpos sin patrones: resistencias desde las geografías desmesuradas de la carne. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Madreselva.

Referencias bibliográficas

Hay, C. 2006. “Political ontology”. En The Oxford Handbook of Contextual Political Analysis., ed. R. Goodin & C. Tilly. Oxford: Oxford University Press, pp. 78-96

Foucault, M. 1977a. “Enfermement, psychiatrie, prison: Dialogue avec Michel Foucault et David Cooper”. Change 32-33: 76-110

Foucault, M. 1977b. “Nietzsche, Genealogy, History”. En Language, Counter-Memory, Practice: Selected Essays and Interviews., ed. D. Bouchard. Ithaca: Cornell University Press, pp 139-164

Foucault, M. 1998 [1976]. The History of Sexuality, Vol. 1. The Will To Knowledge. Penguin.  

Tilly, C. & R. Goodin. 2006. “It depends”. En The Oxford Handbook of Contextual Political Analysis., ed. R. Goodin & C. Tilly. Oxford: Oxford University Press, pp. 3–32

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