La evasión de responsabilidades de la Izquierda y la teoría de las formas de Platón

Francisco Albanese

En la teoría de las formas, Platón planteaba una división de las cosas entre el mundo inteligible, o mundo de las ideas, que correspondía a la auténtica realidad y era el ámbito en el que se situaban las ideas, y el mundo sensible, que era el mundo visible y aquel conjunto de todo lo que se muestra a los sentidos. Es decir, fundamentalmente se trata de las cosas físicas.

En este dualismo ontológico, esta conjugación de los dos mundos, Platón plantea que el mundo inteligible es la auténtica realidad, a la cual no se puede acceder a través de la prisión de los sentidos, sino a través de la razón, esa parte del alma. Así, por encima de todas las ideas, está el Bien, y luego la Belleza, y después la Verdad, y otras.

La Izquierda es esa ala de pensamiento de la filosofía política donde los seres humanos son comprendidos como iguales entre ellos, y donde el fin último es lograr que dicha igualdad se consolide de una u otra forma, variando la metodología. Por esas cosas de la propia naturaleza humana, cada experimento que la Izquierda ha realizado en búsqueda de la concreción de la soñada igualdad ha resultado en un estrepitoso fracaso, donde los seres humanos pertenecientes a una comunidad o sociedad han conocido de todo menos la igualdad. Y cuando se menciona “todo”, este todo incluye opresión, pobreza, racionamiento, pérdida de la libertad, vejámenes, abuso de autoridad, enriquecimiento ilícito y desigualdades brutales entre las clases dirigentes y las dirigidas.

No obstante lo anterior, la Izquierda ha sabido divorciarse de la realidad, logrando posicionar un discurso en el cual no sólo evita hacerse cargo de sus errores, sino que se desentiende de los hechos desprendidos de la realización (o de los intentos de realización) de sus teorías, eludiendo sus responsabilidades como autor intelectual de una amplia gama de abusos cometidos por quienes se supone que su motivación era la justicia, la que se traducía en un mundo más igualitario.

Entonces, ante cada acusación respecto a las injusticias y atrocidades realizadas bajo la inspiración de las ideas de Izquierda, se contraponen sentencias simples pero efectivas: “eso no es verdadera Izquierda”, “eso no es verdadero socialismo”, “eso no es verdadero comunismo”. Así, a través del uso del discurso como un arma, la Izquierda deja establecido que jamás ha habido un “verdadero socialismo”, por tanto, no han sido sus ideas las que históricamente han fallado y que, por eso, no pueden ser condenadas, pues si no hubo un “verdadero socialismo”, no hay socialismo alguno al cual condenar.

En esta ofensiva discursiva, pues no es una defensa que surja como una respuesta a los cuestionamientos de sus detractores, sino una auténtica avanzada intelectual sobre las masas, la Izquierda instala un discurso donde el fracaso y la responsabilidad son dejados atrás, muy parecido a lo expuesto en la teoría de las formas de Platón. Al mundo inteligible, es decir, aquel mundo donde las ideas de Izquierda son puras y libres de la contaminación desprendida de las pasiones humanas, no se puede acceder con el uso de los sentidos sino que sólo puede accederse a través de la parte más excelencia en el alma, que tanto para Platón como para la Izquierda corresponde a la razón. El socialismo, para ellos, entonces, es la auténtica realidad, alejada de la distorsión presente en el mundo sensible, que es donde las ideas que están fuera de la caverna son despedazadas por estas formas hechas de las sombras de las ideas puras. Así, si miles y miles de seres humanos ver coartadas sus libertades mientras sus dirigentes viven de forma licenciosa y rodeado de abundancia, no es por el socialismo (que sería una idea pura propia del  mundo inteligible), sino por el ser humano que vive al interior de la caverna rodeado de las sombras que produce la auténtica realidad.

A todo lo que se acceda, por tanto, en el mundo sensible, no produciría un conocimiento (episteme) impregnado por la certeza, sino opiniones (doxa), ese conocimiento fenoménico y engañoso, ya que al accederse a través de los sentidos, las ideas pasan a ser copias imperfectas de las ideas puras, eternas e inmutables que habitan en el mundo inteligible, que es el plano donde, para la Izquierda, habitaría el socialismo como un ideal puro, eterno e inmutable.

Lo que resulta, por decir lo menos, curioso, es el constante afán de la Izquierda por hacer sus sueños una realidad a pesar de que sus intentos, una y otra vez, fracasen escandalosamente en una vorágine de abusos, injusticia, violencia, pobreza y, paradójicamente, desigualdad. Probablemente, jugar la carta de la victimización eterna sea más fácil y rentable que el reconocer que el desmoronamiento de las estructuras hechas a partir de las sombras de la auténtica realidad es inevitable, y ésa sea la principal motivación para patear incesantemente a las masas de seres humanos hacia el interior de la caverna.

One comment

  1. Lo anterior se debe a que el socialismo es una filosofía empirista, por lo mismo, “nunca sabemos que este mal a priori, con lo cual, está siempre debe llevarse a cabo y esperar sus efectos. Escribe Hoppe:

    “El empirismo está basado en dos presunciones fundamentales: primero, uno no puede saber nada sobre la realidad con certeza de forma a priori; y segundo, una experiencia no puede probar definitivamente que la relación entre dos o más eventos existe o no. Si se utilizan estas dos premisas como el punto de partida, es fácil despreciar las refutaciones empíricas del socialismo”.
    http://www.miseshispano.org/2011/11/la-fachada-intelectual-para-el-socialismo/

    En realidad el socialista no niega la realidad ni los hechos, solo dice que estos no son suficientes para saber qué el socialismo es incorrecto, por tanto, siempre podra mejorarse y ponerse en práctica.

    Lo interesante del escrito es que nos dice lo mismo pero usando el dualismo de Platón, donde la idea o forma perfecta de socialismo nunca es bien implementada en la realidad.

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