Defensa de la libertad migratoria, ¿qué pasa con la centroderecha?

Francisco Albanese

En la columna “La centroderecha y la política migratoria inclusiva”[1], publicada en El Líbero, Benjamín Ugalde discute sobre el futuro de la centroderecha respecto de la postura frente a la inmigración, ante la cual, según lo exhibido en el texto, habría que abrir las puertas de par en par pues la defensa de la libertad migratoria “no es sólo una cuestión de cálculo económico o un asunto de seguridad pública; se trata, sobre todo, de una cuestión de principios y derechos.”

Ugalde posiciona su defensa de la libertad migratoria frente a tres mitos que impedirían a la población ver el beneficio desprendido del flujo migratorio actual: 1) los inmigrantes le significan al Estado un alto costo económico; 2) los inmigrantes vienen a “quitar trabajo” a nuestros compatriotas; y, 3) los altos niveles de delincuencia de los inmigrantes.

La inmigración no le genera al estado el costo que le genera a los países europeos, sin embargo, decir que

“nos deja con una balanza ampliamente positiva, pues ella aporta capital humano, social y cultural que nos enriquece. Es esta balanza positiva la que, poco a poco, se transformará en un aporte fundamental para que el país alcance el desarrollo”,

es una especulación. Será burdo el ejemplo, pero los aportes que se desprendieron de la ley de inmigración selectiva de 1846 distan bastante de la favelización desprendida de la inmigración haitiana y colombiana[2]. Por otro lado, si alguien me demostrara que ese capital cultural y social será fundamental para alcanzar el desarrollo, estoy dispuesto a oír y dejar, por un segundo, de lado la realidad y olvidar la creación de barrios de bajos estándares que terminan obligando a los vecinos a huir porque el ambiente se hace insoportable; la apropiación negativa de los espacios públicos (guerras de bandas, enfrentamientos entre escolares, comercio ambulante sin orden alguno, bullicio, etc.); las caídas en los índices de la enseñanza básica y media; prácticas antes inexistentes en la región, como el sicariato[3][4], etc.

Efectivamente no creo que los inmigrantes vengan a quitar trabajo precisamente, aunque tampoco digamos que vienen a generar grandes divisas o crear nichos importantes de trabajo. Siendo objetivos, la gran mayoría viene para ser parte de las clases más bajas.

También comparto la idea que los inmigrantes no son tan delincuentes como quieren decir algunos. No todos; quizás, hasta lo son los menos. Sin embargo, hay que reconocerles que nos han aportado ciertos servicios que antes no se encontraban aquí, como el préstamo gota a gota y el sicariato, que tampoco extrañaríamos si ya no estuvieran disponibles en el mercado. Tampoco soy de los de la idea que prefiero al delincuente nacional antes que al extranjero (delincuente es delincuente, y ninguna sociedad quiere delincuentes dentro de su perímetro), si bien tampoco creo que las tasas no tan altas de delincuencia extranjera sea un buen motivo para promover el flujo: muchas veces no es la brutalidad de la delincuencia extranjera (que a los medios les encanta) lo que causa el rechazo en la población, sino su forma de vivir subestándar e irrespetuosa para con la cultura hospedadora. No es necesario ser criminal para causar molestias y la ruptura de la armonía social. A veces basta sólo ser malos vecinos.

Ugalde pregunta, de una manera amable aunque tendenciosa, qué pasaría si pagaran justos por pecadores, en relación a una ley migratoria más dura (que él denomina “ley migratoria mal hecha”) que sea menos permisiva, surgida de la posibilidad de inmigrantes criminales, lo que iría en contra de una sociedad basada en la buena fe. Pues bien, sé que va a parecer exagerado mi ejemplo, pero aún así lo entregaré para demostrar mi punto: Sadiq Khan, alcalde de Londres, sobre el terrorismo, dijo que “los ataques terroristas son parte de vivir en grandes ciudades”[5], lo que es una manera de abordar la realidad normalizándola, en vez de tomar medidas para mejorarla. El punto es, ¿cuál es el límite de la buena fe, más cabezas cortadas?

Si éste es el espíritu –es decir, seguir anteponiendo lo ideal y desestimando lo real al asumir las mejores intenciones de todos– con que la centroderecha quiere abordar la problemática inmigratoria que está teniendo Chile, entonces no es de extrañar por qué el apoyo a su discurso irá en bajada y por qué surgirán los populismos de izquierda y derecha (a los cuales me opongo en todos los casos) de los que luego se terminarán quejando y viéndolos como amenazas para la Democracia. A la centroderecha le conviene aterrizar cuanto antes, no vaya a ser que terminen estrellándose en el suelo en nombre de la buena fe.

Notas.

[1] http://ellibero.cl/opinion/la-centroderecha-y-la-politica-migratoria-inclusiva/

[2] http://www.emol.com/noticias/Economia/2017/02/09/844147/Inmigrantes-en-Antofagasta-Marginalidad-y-xenofobia-en-la-capital-mundial-del-cobre.html

[3] http://www.soychile.cl/Antofagasta/Policial/2017/06/25/472056/Hallaron-a-un-cadaver-flotando-en-las-cercanias-del-Puerto-de-Antofagasta.aspx

[4] http://www.diarioantofagasta.cl/regional/calama/77571/calama-macabro-hallazgo-hombre-descuartizado/

[5] http://www.independent.co.uk/news/uk/home-news/sadiq-khan-london-mayor-terrorism-attacks-part-and-parcel-major-cities-new-york-bombing-a7322846.html

 

 

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