El Nacionalista Prometeico

Avialae Horton

Reconciliando al realismo racial con la Constitucionalidad y la Meritocracia

La naturaleza del realismo racial

El realismo racial es un concepto controvertido, aunque factual. Independientemente de cómo pueda ser pasionalmente negado, la diferenciación entre las razas se puede observar en cualquier investigación objetiva en procesos naturales, con diferencias en Coeficiente Intelectual, estadísticas de crimen, pobreza, carencia de industrialización moderna, tasas de fertilidad y mortalidad, etcétera.  La igualdad, desde una perspectiva puramente empírica, no es una creación espontánea de la naturaleza; es un ideal de la conciencia humana ficticiamente fabricado y una perspectiva cultivada de la moral establecida. El hombre es, para todos los efectos, un Dios-animal: es una creación superior que se ha desarrollado sobre innumerables ensayos de adaptación ambiental y mejora. Él es semejante a Dios en su representación de las fuerzas divinas que son una reminiscencia de sí mismo; su representación de los dioses es un macrocosmos de lo que él mismo encarna en la naturaleza, en relación a otras especies.

La naturaleza no tiene consideración de los individuos dentro de una especie, sino que enfatiza la preservación de la mayoría. Esta verdad es inherentemente difícil de reconciliar con los idealistas principios constitucionales sobre los cuales nuestro país [Estados Unidos] fue establecido, pero debe ser discutida, y completamente entendida antes de que pueda ser de cooperación para los esfuerzos filosóficamente idealistas de la igualdad de oportunidades.

Los seres humanos, como todos los organismos biológicos, están sujetos a las mismas leyes de la naturaleza implícitas en la preservación de los miembros más eficientes de una especie, ésa de la selección natural; consecuentemente, como todas las otras especies, los humanos experimentan divergencias entre la demografía racial para aumentar la competencia por los recursos por medio de la Especiación Alopátrica, el fenómeno en que las especies desarrollan diferencias genéticas debido a la separación geográfica. Por lo tanto, se presentan diferencias irrefutables en las demografías raciales nativas de los diferentes continentes. Esto también se refuerza a través de evidencia antropológica que demuestra diferencias esqueléticas por raza. Otros factores ilustran también las diferencias entre la demografía racial, incluyendo el IQ, la tasa de mortalidad, la pobreza, la industrialización, etc.

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Otros factores, como la pobreza, la industrialización, la fertilidad y las tasas de mortalidad también ilustran las diferencias drásticas en la demografía racial:

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Vemos el fenómeno de la selección natural en movimiento a través de la frecuencia de enfermedad y mortalidad en los países subdesarrollados; esto es esencialmente una respuesta evolutiva para contener a una población que colapsa en condiciones insostenibles. Sin embargo, incluso en intentos de sociedades multiculturales e integradas, algunos grupos demográficos poseen una mayor probabilidad desproporcionadamente mayor de violencia, pobreza, consumo de drogas, arresto y mortalidad.

Esto sugiere un mecanismo interno que crea una desviación del comportamiento normal. El desafortunado estado de la condición humana es evidente en nuestra inferioridad a las leyes de la naturaleza. Por lo tanto, es innegable que las distintivas características genéticas, conductuales y fisiológicas nos permiten ser categorizados en consecuencia. Estas categorizaciones, a su vez, hacen argumentos perfectamente lógicos para defender los intereses de nuestros respectivos grupos.

La conversación, el debate y la competencia intelectual a menudo pueden considerarse un lujo que una fracción del mundo no puede permitirse, dado el hecho que una mayoría de la población mundial no es ni siquiera autosuficiente, o está significativamente subdesarrollada. Por lo tanto, se podría argumentar que la competencia mental y la capacidad, la investigación filosófica y la curiosidad religiosa son una etapa relativamente nueva del desarrollo evolutivo, que sólo una fracción de los países han experimentado. Sin embargo, tener en cuenta estos hechos biológicos crea dificultades para reconciliar las tendencias tribalistas con los ideales meritocráticos. Entonces, ¿cómo podrían ser alcanzados?

Igualdad de oportunidades, no igualdad.

A menudo puede haber una delgada línea entre la aceptación y la aprobación. Uno de los intentos más perjudiciales de la sociedad norteamericana ha sido no sólo aceptar simplemente las diferentes demografías y grupos en aras de la corrección política y la cortesía, sino apoyar activamente a estos grupos para perpetuar la política de identidad, específicamente para las minorías, como un tipo de compensación esperada a causa de la “opresión” de otros grupos demográficos.

Esta falacia ignora las tendencias desproporcionadamente violentas también presentes en esos mismos grupos demográficos, y en cambio los retrata como intrínsecamente merecedores de un reconocimiento elevado debido a la victimización. La mentalidad de victimización ha destruido a fondo los valores meritocráticos. Idealmente, las características físicas deben considerarse irrelevantes para la capacidad intelectual y la aptitud, pero las sociedades forzosamente integradas han creado una dependencia extensiva sobre ellos y han destruido todo valor auténtico del discurso inteligente.

El Nacionalista Prometeico es un individuo que no observa hechos estadísticos, evidencias y observaciones a través de un sesgo preconcebido, sino que cultiva sus perspectivas de acuerdo a esas evidencias y observaciones factuales. Son los que rechazan la noción de “igualdad” social, que es una contradicción flagrante con el mismo desarrollo natural. Más bien, el nacionalista prometeico reconoce estas diferencias y, por lo tanto, aboga por la capacidad de los diferentes grupos para perseguir sus propios intereses.

Meritocracia, no mediocridad.

“La peor forma de desigualdad es tratar de hacer iguales las cosas desiguales”. — Aristóteles

La búsqueda de la justicia social perpetúa la mediocridad. El nacionalista prometeico rechaza la noción falsa, y peligrosamente idealista, de una igualdad inherente, pero lucha admirable y constitucional búsqueda de la igualdad de oportunidades. Al igual que Prometeo, llevamos la antorcha de la Iluminación a la humanidad; es decir, en este caso, el valor de 1) la asociación fraterna de otros dentro de nuestro patrimonio, y 2) la respetabilidad de aumentar la expectativa social a través de la discusión intelectual, la meritocracia y el debate, y la mantención de la búsqueda de la igualdad de oportunidades en ese sentido. El nacionalista prometeico no desdeña una búsqueda por la otra, sino que reconoce el valor inherente en ambas.

A través del traspaso de esta antorcha a las generaciones futuras, podemos reconocer tanto nuestras necesidades fraternas en nuestra historia, herencia, y honor, así como en la constitucionalidad, y la admirable búsqueda de la igualdad de oportunidades. Es solamente a través de este equilibrio que podemos alcanzar una civilización altamente desarrollada intelectualmente, y restaurar para nosotros la exaltación filosófica del antiguo Occidente.

Entrada original: https://columbianpost.com/culture/the-promethean-nationalist/

Traducción por Francisco Albanese.

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