Huenchumilla & Identity Politics

Francisco Albanese

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Esta nota es una réplica a un artículo publicado en Letras Libertarias

Cuando dos visiones del mundo son contrapuestas respecto a lo que valoran de manera subjetiva, una visión difícilmente puede refutar a la otra respecto a un objeto de la discordia. Mientras que, si se emplean indicadores medibles, replicables y confiables, podemos decir que el capitalismo trae mayor bienestar económico a las sociedades en comparación al socialismo, difícilmente podemos hacer un ejercicio parecido cuando no nos basamos en indicadores, sino en vivencias y pareceres. El artículo de mi amigo Emilio titulado “Huenchumilla y el Alt-Right”, publicado originalmente en Pluma Hoplita[1] y luego republicado en Letras Libertarias[2][3], aborda desde una mirada más liberal que libertaria el asunto de la identity politics, propuesto por Francisco Huenchumilla[4]. Mi afán no es refutar su nota –pues ambos basamos nuestra defensa racional en lo que creemos y valoramos de manera subjetiva–, sino aclarar ciertos puntos que considero merecen una revisión. Dicho sea de paso, no es la primera vez que me refiero a Francisco Huenchumilla[5], y mucho menos es la primera vez que me refiero a la “cuestión mapuche”[6].

Meneses dispara contra ciertos puntos que considera esenciales dentro de la propuesta de Huenchumilla, que es un derivado de su “Propuesta al Gobierno respecto de la situación de la Región de la Araucanía[7], mostrando ciertas similitudes con las ideas de la derecha alternativa – más conocida como alt-right.

Ya sea con diferencias dentro del espectro político –en cuanto a izquierda y derecha–, el surgimiento de las ideologías “alt” está marcado por una esencia en común: las diferencias existen, deben ser tomadas en cuenta y, más aún, ser mantenidas puesto que su valor inherente es la cualidad, es decir el rasgo que distingue a algo. De esta manera, ideologías que aspiren a la homologación entre razas, etnias, y culturas diferentes no pueden ser consideradas como “alternativas”, puesto que el mainstream filosófico y político moderno apunta hacia la no-diferenciación de los seres humanos desde esta mirada. Derecha alternativa e izquierda alternativa abordan a la política y a la sociedad desde la identidad y el realismo. Si se carece de esta visión, se carece de lo alternativo.

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Decir que leyes y medidas para la población indígena de Chile, al igual que las propuestas alt-right, se pueden implementar sólo por la fuerza, es algo inexacto, sobre todo cuando los seres humanos mantienen la observancia de leyes que son anteriores al ordenamiento legal incluso sin el uso de la fuerza. Una “medida” alt-right sería que un hombre negro eligiera a una mujer negra para formar una familia y reproducirse, para lo cual no es necesario el uso de la fuerza, y tampoco es necesaria la presencia de la autoridad.

Cómo definiremos quien es mapuche no es la pregunta adecuada para responder, porque involucra a un nosotros que podría ser todo el país, o una forma figurada para indicar al ordenamiento jurídico. Más que un asunto top-down que incluya políticas segregacionistas de estado –como podría leerse en una primera instancia, algo así como un apartheid–, el asunto de ser mapuche es un tema de autoconciencia étnica intersubjetiva, esto es, la asunción que una colectividad hace del carácter único de su propia identidad, sumado a una identificación recíproca entre el individuo y sus pares. En Theoretical Ethnography, Bromley (1986) plantea que la autoconciencia étnica es el resultado del desarrollo histórico donde existen aspectos socioculturales, comportamientos, lenguaje y vida cotidiana común. En la autoconciencia étnica de los miembros de un etnos se concentran ideas sobre la comunidad de territorio (tierra nativa), lengua, rasgos distintivos de la cultura y de la mentalidad.

Por otro lado, Meneses hace una referencia a los tests de ADN y a la pureza racial. Para la alt-right, que se basa en evidencias científicas y también en la observación, estos conceptos son memes algo pasados de moda, inútiles y que sólo contribuyen a alimentar a las posiciones que parten de supuestos falaces:

obsesionarse con una pureza absoluta, remontándose hacia atrás a través de la niebla del tiempo, es un ejercicio inútil, que al final contribuye a los argumentos de los anti-racistas, con sus afirmaciones de “pero todo el mundo está mezclado”. Sin embargo, independientemente de cómo los modernos pool genéticos llegaron a existir, las personas no son genéticamente idénticas – hay diferencias en el parentesco genético y por lo tanto en intereses genéticos, y es allí donde necesitamos enfocar nuestra atención.[8]

Para Ted Sallis, en el posicionamiento biopolítico, el parentesco genético debería ser el paradigma que reemplace al mito de la “pureza racial”, por lo que los individuos que forman a los pueblos indígenas, aún sin una pureza racial demostrable –como algunos piensan que se aborda la pertenencia étnica– tienen un mayor grado de parentesco genético entre sí (id est, a nivel de endogrupo) que en relación a otros pueblos:

Aquí estoy utilizando el término parentesco genético para posicionarme a favor de las culturas de la relación humana que figuran dentro de los discursos de la genealogía genética y que son producidas a través del consumo popular de estas pruebas. Señala un compromiso crítico con la genética de la identidad y relación y un enfoque en las formas emergentes de parentesco a medida que los nuevos conocimientos genéticos crean nuevas definiciones de género, “raza” y parentesco que refuerzan, remodelan o desafían las nociones existentes de la identidad colectiva y la personalidad.[9]

Para Frank Salter, los intereses esenciales son intereses genéticos, y los intereses genéticos se basan en el parentesco genético. Sólo el parentesco genético es relevante en términos  biopolíticos[10], lo que contrasta con el argumento del hombre de paja de la “pureza” racial, el cual usualmente deriva de alguna comparación a priori a alguna población parental. Ya dijimos que la identidad étnica no trata de un asunto de pureza racial, el que es hoy un meme insostenible y sin mucho sentido, excepto quizás para algunas poblaciones aisladas, las que sin embargo es altamente probable que posean trazas de otros pool génicos. También hay que entender que la identidad étnica va más allá de un asunto de apellidos, que es otro de los puntos donde cuestionan el asunto étnico, especialmente aquéllos cercanos al historiador Sergio Villalobos. Primeramente, se considera que el mapuche es una identidad inexistente producto que sufrió cruzas en mayor o menor grado durante el pasar de los siglos, y muchos de los cuales el día de hoy no tienen apellidos mapuche.

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Tomemos un ejemplo bastante gráfico: Rodrigo Meléndez Araya, más conocido como ‘Kalule’ Meléndez, ex-mediocampista. Meléndez, aun teniendo ambos apellidos de origen europeo, no podría jamás ser confundido con un europeo. ¿En qué nos basamos para determinar la identidad del ‘Kalule’ Meléndez sino en un hecho de reconocimiento instintivo? Probablemente, el ‘Kalule’ presenta una cantidad de “impurezas” genéticas (genes europeos y otros) que no lo hacen 100% mapuche, además de no presentar apellidos mapuche. No obstante, un proceso de autoconciencia étnica intersubjetiva –es decir, lo instintivo y emocional– reconocería al ‘nosotros’ de Kalule Meléndez como uno, sino mapuche propiamente tal, al menos como perteneciente a los pueblos originarios de América.

¿Qué pasa si un mapuche prefiere ser clasificado como no-mapuche? Reconocer la plurinacionalidad de Chile no significa transformarlo en una especie de estado racial y forzar, desde arriba, la separación física en múltiples etnoestados. Mirar el asunto desde al alt-right supone abordarlo desde la realidad donde pueblos distintos se comportan de manera distinta, entienden el mundo de manera distinta, y tienen intereses distintos, y, como tal, fomentar ideológicamente, a través de la cultura, una narrativa donde las distintas identidades puedan procurar su propio desarrollo y las condiciones que permitan su existencia. Por esto, una tendencia creciente hacia la separación e, incluso, (auto)segregación –los endogrupos humanos no necesitan de la discriminación por parte de los exogrupos para identificarse con ciertos rasgos socioculturales, etológicos, lingüísticos, históricos y fenotípicos, y optar por la preferencia por sus semejantes–, es algo que resulta espontáneo (en lo emocional) y lógico (en lo racional) a partir de las relaciones humanas inmersas en sociedades multiétnicas. La derecha alternativa se encarga de tomar esta realidad de la diferencia, aceptarla y conducirla por una vía donde no provoque conflicto, que es lo que ocurre en un mundo donde se fuerza la diversidad como un valor en sí mismo. Por tanto, y entendiendo la realidad multiétnica chilena y las condiciones actuales de la filosofía de la vida que impregnan a la sociedad, si un mapuche no quiere ser clasificado como mapuche, pues está en la libertad de acogerse al mismo orden jurídico de todos los ciudadanos que no se sienten pertenecientes a identidad étnica alguna. Respecto a este punto, hay que recordar que las políticas de identidad son posteriores a la conformación de los grupos, por lo que la autoconciencia étnica deviene de un proceso orgánico, espontáneo, instintivo, antes que de uno jurídico. Pertenecer a un grupo y poseer una identificación consciente con esta pertenencia son dos cosas diferentes. Tal como se puede decir que hay un aspecto consciente e inconsciente de la identidad.[11]

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Hay que tener en cuenta que el trato igualitario ante la ley y presentando los mismos derechos es, por decirlo de una manera, problemático. El problema cuando se tiene una diversidad de grupos humanos es que éstos, querámoslo o no, comprenden al mundo y la vida de manera distinta entre sí. El tiempo en el que se moldea un grupo humano no pasa en vano, y si los distintos procesos históricos, sociales y culturales van trazando rasgos dentro de la ontogenia (tiempo de vida del individuo), es de esperar que también sea trazados rasgos en la filogenia (tiempo de vida del grupo) que vayan otorgando características a un grupo que lo acerquen a unos y lo separen de otros (distancia genética y distancia cultural).

Si la propuesta de Huenchumilla destruye el espíritu de una constitución igualitaria, ¿cuál es el verdadero problema, cuando, honestamente, la manera igualitaria de abordar a la sociedad desde una hegemonía cultural occidental ha derivado en conflictos justamente porque se invisibiliza la diferencia y se aborda el asunto indígena desde una perspectiva asistencialista y paternalista?

Tal como afirma Meneses, “antes de la llegada del estado chileno nunca hubo una entidad política unificada que representara a la población mapuche”, no obstante, las circunstancias históricas eran diferentes, y la no existencia en un t = 0 no significa necesariamente que continuará la inexistencia en un t =1. Pueblos que en Europa fueron bárbaros que vivían organizados en tribus que bordeaban la anarquía terminaron levantando imperios. Las culturas no son estáticas, y tampoco sus modos de organización. Por otro lado, arrastrar a las comunidades que quieren regirse por políticas de identidad es someterlas a una tiranía de las mayorías, y seguir alimentando la escalada de violencia

Aunque no aplaudo la iniciativa de Huenchumilla y hay cosas en las que no comulgo en la forma, considero que es, por cierto, un avance hacia el reconocimiento de las diferencias de los grupos humanos, y una propuesta que, al entender que la diferencia étnica es una variable que no debe despreciarse y que debe ser incorporada en el análisis, debería estar más cercana a tratar de manera más efectiva un asunto que proviene de la misma diversidad, antes que sencillamente militarizar zonas y esconder el hecho que la diversidad no funciona y que siempre traerá intentos de separación entre los grupos. Mientras fuerza políticas igualitaristas, el estado se resiste[12] al hecho que la diferencia es una realidad, un error que sólo cobra víctimas y hace que vivir sea un suplicio tanto para las comunidades originarias como para los colonos, ninguno de los cuales es responsable de las deficientes políticas por las que ha optado el estado al abordar el “asunto indígena”, y con ello también el “asunto europeo”.

Notas.

[1] https://plumahoplita.com/2018/07/04/huenchumilla-y-el-alt-right/

[2] http://letraslibertarias.com/index.php/home/post/huenchumilla-y-el-alt-right-

[3] Por cierto, si bien soy columnista habitual y estoy entre los fundadores de Letras Libertarias, prefiero replicar en este espacio para no confundir al público habitual de LL.

[4] http://www.latercera.com/politica/noticia/huenchumilla-propone-jurisdiccion-pueblos-indigenas/229869/

[5] https://pancriollismo.com/2015/09/01/huenchumilla-contra-thermocephalia/

[6] https://pancriollismo.com/2015/08/04/mitos-frecuentes-sobre-la-cuestion-mapuche/

[7] http://www.24horas.cl/incoming/article1766697.ece/BINARY/Revisa%20la%20propuesta%20completa%20de%20Francisco%20Huenchumilla

[8] https://www.counter-currents.com/2013/11/racial-purity-ethnic-genetic-interests-the-cobb-case/

[9] Nash, C. (2004) Genetic kinship. Cultural Studies, 18:1, 1-33, DOI: 10.1080/0950238042000181593

[10] Salter, F. (2006) On Genetic Interests: Family, Ethnicity, and Humanity in an Age of Mass Migration

[11] https://www.counter-currents.com/2014/03/ethnic-and-racial-relations/

[12] https://manticore.press/against-resistance/

 

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